Cinco claves para entender la entrada de Turquía en la Unión Europea

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Este artículo ha sido premiado con una mención especial en el VIII Concurso de Artículos sobre la UE organizado por la Representación de la Comisión Europea en Barcelona.

Turquía lleva 60 años tocando la puerta de Europa. En 2004 empezaron las reuniones para su ingreso en la UE. Ahora el proceso está encallado, algunos lo tildan de moribundo y ya se habla de Turquía como la eterna candidata. Estas son las claves necesarias para comprender qué está pasando entre Turquía y la UE.

1. Qué ganaría Europa. Turquía ya no es una región secundaria, sino uno de los países que más crece de la OCDE y aspirante a convertirse en la décima economía mundial. Su crecimiento contrasta con el estancamiento de la UE. El ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, apuntó que si no tienen cuidado “llegará un día en el que el interés de Europa por Turquía sea mayor que el interés de Turquía por Europa”. Günther Oettinger, comisario europeo, fue más allá y auguró que en el futuro los líderes europeos “se arrastrarán de rodillas a Ankara”. Además, Turquía está en una zona clave. Europa necesita un socio prooccidental y democrático en Oriente Medio para resolver los conflictos de Siria, Irak y Estado Islámico.

2. Qué ganarían los turcos. Turquía tiene a la Unión como principal aliado comercial. Ser miembro mejoraría su posición con los otros socios. Los empresarios turcos ven en Europa la oportunidad de afianzar la economía de mercado, el Estado de derecho y la separación de poderes. El ingreso en la UE implica reformas para hacer un país moderno y libre, algo necesario teniendo en cuenta el férreo control a periodistas y manifestantes. Por otro lado, para la minoría kurda Europa puede ayudar a sellar la paz en un conflicto que ha dejado más de 35.000 muertos. Faruk Doru, militante de la formación prokurda Partido de la Paz y la Democracia, cree que “económicamente, la Unión Europea puede presionar a Turquía” para que se comprometa con los derechos de los kurdos.

3. ¿Por qué el proceso va tan lento? Cuesta entender por qué se eterniza si beneficia a ambos. Las negociaciones se dividen en capítulos y los relativos a justicia, libertades y derechos están bloqueados. La encarcelación de periodistas no ayuda. Ante esto, algunas voces reclaman suspender las negociaciones, pero otras creen que sería acabar con el último incentivo del país para democratizarse.

Otro obstáculo es la cuestión de Chipre. En 1974, el Ejército griego apoyó un golpe contra el presidente chipriota para conseguir la unión de la isla con Grecia. Turquía respondió enviando tropas y desde entonces Chipre está dividida en dos: la turcochipriota del norte y la grecochipriota del sur, que en 2004 entró en la UE. Al ser miembro, Chipre puede vetar a Turquía. Hasta que no se resuelva el conflicto, las negociaciones no avanzarán.

4. Por qué Francia y Alemania también se oponen. El motivo se resume en la frase “too big, too different, too poor”. Demasiado grande porque sería el segundo país más poblado de Europa. Como la influencia política en la UE depende del tamaño de la población, algunos temen darle al recién llegado un papel preeminente. Demasiado diferente, ya que es un país musulmán y los países de la Unión son de tradición católica. De nuevo, unos ven difícil combinar algunos aspectos del islam con la democracia liberal y otros creen que Turquía es la prueba de que islam y democracia son compatibles y es necesario apoyarlo en un contexto de extremismo creciente. Y demasiado pobre porque Turquía es una región con un PIB reducido y existe el miedo de que acapare los fondos al desarrollo utilizando el importante peso que tendría en el Parlamento.

5. Por qué la entrada de Turquía sería una buena noticia. Como respuesta al estancamiento de las negociaciones, Erdogan sugirió llamar a la puerta de China y Rusia, pidiendo la adhesión a la Organización de Cooperación de Shangai. ¿A qué se debe el interés en Shangai? Fácil. La OCS defiende la no injerencia y no interfiere en la política de cada país. Es algo que le gusta a Erdogan, que planea formar una República presidencialista para dotarse de más poder.

La UE, en cambio, le insta a avanzar en derechos humanos y libertades. De hecho, las reformas que modernizaron el país se llevaron a cabo para facilitar su ingreso en la Unión. Por eso su entrada sería una gran noticia para los turcos, que gozarían de un sistema más avanzado. También lo sería para la UE. En un momento de cambio de los liderazgos mundiales, Europa consolidaría así su influencia. Si consigue sumar un socio clave como Turquía en su proyecto de democracia, habrá ganado. Si no, las nuevas potencias autoritarias se anotarán un tanto.

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