Elza Soares: de la favela en Río a brillar en el Primavera Sound

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Con doce años, los padres de Elza Soares la casaron con su violador | Primavera Sound

La voz raspada de Elza Soares ha reinado hoy en el Primavera Sound de Barcelona. Ni los ochenta años que cumple este año, ni los problemas de cadera que arrastra desde hace años han impedido a la intérprete brasileña dominar el Auditorio Rockdelux del festival.

Sentada en un trono, la cantante ha emocionado a un público extasiado y ya predispuesto que, entre gritos de “diosa” y “gustosa”, se ha levantado de sus butacas para ovacionarla después de que la incombustible artista se arrancase a cantar en bucle: “Yo soy negra”.

Soares ha interpretado muchos de los temas de su último disco, “A mulher do fin do mundo”, un trabajo para el que se juntó con lo mejor de la vanguardia brasileña y que le permitió alumbrar un disco de guitarras distorsionadas, vientos, cuerdas y electrónica que acompañan a su característica voz ronca.

Cuando se habla de Soares, se suele rescatar una anécdota repetida infinitas veces, pero que resume de forma eficaz el perfil del personaje. Cuando la artista era aún una adolescente, se presentó a un concurso de talentos de Río de Janeiro, presentado por el músico brasileño Ary Barroso.

Allí se burlaron de su atuendo, deshilachado, viejo y que le quedaba grande, ya que lo había sisado del armario de su madre. El presentador, cuando la vio, le preguntó: “De qué planeta vienes?”, a lo que Soarez contestó sin embudos: “Del planeta hambre”.

No era una exageración. Nacida en una favela de Río de Janeiro, hija de un operario y una empleada doméstica, Elza Soares conoció de cerca la sordidez y la violencia cuando sus padres la casaron con tan solo doce años con un vecino del que sospechaban que la había estado violando.

Con trece ya era madre, y lo fue varias veces más -aunque dos de ellos murieron por las penosas condiciones que atravesaban- hasta que, con 21 años, su marido murió de tubercolosis, dejándola viuda y con cinco hijos.

Soares ganó el concurso de talentos, con el que puso el primer ladrillo de una sólida carrera que la ha llevado a ser una de las voces más singulares de la música popular brasileña, y un icono indiscutible en su género.

Mujer, negra, de clase obrera, y autodidacta, Elza Soares reconoce que no quiere ser un altavoz de ninguna causa, porque, según dice, los altavoces se acaban quedando sin voz.

Pero la cantante brasileña ha vuelto a demostrar esta tarde que su presencia es suficiente para destrozar techos de cristal y que su voz, pese a la ronquera, aún puede dar mucha guerra.

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