Alaska: “Ningún milenial podría grabar ahora ‘Pepi, Luci, Bom'”

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El espíritu de la movida madrileña sigue vivo, según Alaska, que ve en artistas como Los Javis, creadores de la película “La llamada”, unos dignos sucesores, aunque reconoce que “nadie” podría rodar ahora “Pepi, Luci, Bom” (1980) porque “todo el mundo se escandalizaría, los unos y los otros”. 

“Ahora no la podrían rodar porque hay elementos en el guion que escandalizarían a todo el mundo, no solo a los que ya sabes que se van a escandalizar, sino que ahora lo sorprendente es que se escandalizan también los otros”, lamenta la cantante en entrevista con Efe antes de una charla en el Instituto Cervantes de Nueva York.

Dice que artistas mileniales como Javier Calvo y Javier Ambrossi, conocidos como Los Javis, Brays Efe, Soy Una Pringada o Jedet le recuerdan a lo que fue la movida y, pese a la diferencia de edad, comparte con ellos “el mismo sentido del humor y unos mismos elementos culturales”.

“Al final, están haciendo lo mismo que hicimos nosotros. No han empezado con una gran productora, están haciendo algo ‘superunderground’, lo que pasa es que ellos son mejores hijos de Warhol porque son todos del siglo XXI, dominan las redes sociales y son sus propios directores de comunicación”, apunta.

Crear al margen de la industria sigue siendo una tarea titánica, aunque no tanto como antes, y es que Pedro Almodóvar tardó tres años en grabar “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” porque no tenía dinero para cintas, “y eso hoy lo puedes hacer con el móvil”.

Aun así, recuerda que Los Javis “empezaron a grabar ‘La llamada’ en el ‘hall’ del Teatro Lara, ni siquiera en el Teatro Lara”. Como profesores de Operación Triunfo les reconoce el mérito, compartido con Guille Milkyway, de “haber abierto el programa a unos nuevos adolescentes” gracias a sus clases de cultura musical o a sus odas a la diversidad sexual, interpretando himnos como “La revolución sexual” o “A quién le importa”.

Siguiendo el hilo televisivo, la semana pasada Alaska comenzó a grabar la quinta temporada de su ‘reality’, “Alaska y Mario”, que girará en torno a sus orígenes.
El año pasado, viajó a México junto a su madre y recorrió por primera vez los lugares de su niñez. Ahora esa misma travesía la llevará a cabo con su marido, Mario Vaquerizo, y también patearán Vicálvaro, el barrio madrileño donde se crió el líder de Las Nancys Rubias.

La cantante y actriz reconoce no tener “ningún problema” con la fama porque antes de ser una estrella “ya conocía a Warhol, entendía que esto era una causa y efecto y que era algo que me podía pasar, con lo cual nunca me ha producido ningún conflicto”.
Por otra parte, la intérprete de “Dramas y Comedias” no se sumó a la huelga feminista del 8M. “A mí me tocó trabajar porque no soy funcionario y no tengo un trabajo fijo y lo mismo estoy, que no estoy”, señala.

No cree haber sufrido machismo a lo largo de su carrera, pero reconoce que ella vive en un “mundo paralelo” porque nunca ha tenido que trabajar “en el mundo heterosexual”.
Tampoco cree que haya cobrado menos que sus colegas masculinos: “La diferencia salarial en el mundo del espectáculo es muy difícil de valorar, siempre hay una ley del tira y afloja y, en mi caso, mi precio me lo he puesto yo siempre, con mucha cabeza y sabiendo el precio de mercado”.

Confiesa que le “sorprende” que aún existan polémicas como la que se produjo con la aparición en la Cabalgata de Reyes madrileña de La Prohibida, a quien define como “cantante”, y dice que el hecho de que se refieran a ella como “drag queen” es “muy triste y demuestra mucha ignorancia”.

En cuanto a política madrileña, entre la alcaldesa Manuela Carmena y la presidenta autonómica Cristina Cifuentes, no elige. “Me parece que está muy bien equilibrado. Me encanta que estén Cristina y Carmena; me parece que visto desde fuera es algo que está muy bien, ¡parece hasta plural!”.

A punto de cumplir los 55, cuando Alaska mira atrás no ve ningún fracaso en su carrera.
“¿Qué es un fracaso? Cuando Nacho (Canut) y yo empezamos Fangoria éramos unos fracasados para la industria: perdimos nuestro contrato discográfico, íbamos a salas de 200 personas o nos montábamos nuestros propios conciertos cuando ni nos llamaban de esas salas”, valora.

“Desaparecimos de las radios, de la tele, y nos decían ‘¡pobrecitos!’. Pero ellos no sabían que estábamos fenomenal, haciendo lo que queríamos, probando cosas nuevas, y aunque eso fue un fracaso comercial, no fue el fracaso de nuestro proyecto, y yo no estaría aquí si no hubiese apostado por eso”, remata.

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