“La Chana” saborea a los 71 años sus “cinco minutos más” de éxito

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“La Chana” durante su actuación en Nueva York | A. Vigaray / EFE

Pudo triunfar en Hollywood, pero su marido se lo prohibió. A sus 71 años, “La Chana” actúa en Nueva York, recoge premios y saborea “los cinco minutos más” de éxito que un día el destino le “robó”, reconoció la bailaora a Efe.

La historia de “La Chana” es de película, y por eso no sorprende que esta semana se exhiba en Nueva York el documental que la croata Lucija Stojevic le dedicó hace dos años, y la biografía que la flamencóloga Beatriz del Pozo acaba de publicar sobre ella, y que la han vuelto a poner en la palestra.

Antonia Santiago Amador, “La Chana”, gitana barcelonesa, aprendió a bailar de forma autodidacta, escuchando la radio, y de pequeña robaba ladrillos en las obras para construirse su pequeño tablao, hasta que su tío guitarrista, “El Chano”, se la llevó de gira.

No fue fácil convencer a su padre, y su tío le prometió que después de cada actuación la encerraría en el hotel y se llevaría la llave, algo que estuvo haciendo hasta que con 17 años se enamoró de un joven, con el que se casó y tuvo una hija.

Ese hombre, su primer marido, le propinó palizas, le impidió triunfar en Hollywood, la retiró de los tablaos cuando estaba en su mejor momento, y finalmente la abandonó, dejándola sin dinero y con deudas.

Ahora, a los 71 años, “La Chana” vuelve a estar de moda: el domingo recibió el Premio Nacional de Cultura Gitana que otorga el Ministerio de Cultura y que han recibido grandes figuras como Camarón o Paco de Lucía, y tras visitar el Instituto Cervantes de Nueva York, este miércoles baila en el Merkin Concert Hall.

Lo hará, como lo hace últimamente, sentada en una silla, un “apaño” que le sirve para poder seguir actuando ahora que, según dice, Dios le ha “regalado cinco minutos” más de lo que un día se le “robó” cuando era joven.

“Me retiré, y no me arrepiento aunque sé que se me robó todo porque es mejor quedarte con las ganas del dinero y de la fama que no que hubiera pasado una desgracia si yo hubiese hablado”, dijo “La Chana”, que nunca se atrevió a contar que era víctima de violencia de género por miedo a las represalias.

Antes de que la retirasen, tuvo tiempo de viajar por medio mundo, de Australia a Argentina, y rodar una película con el actor británico Peter Sellers, que se empeñó en llevarla a Hollywood.

Uno de sus admiradores más acérrimos era Salvador Dalí, que iba a verla acompañado de dos guepardos, algo que a “La Chana” no le hacía ni pizca de gracia.

“Cada vez que yo hacía un cierre, entre el sonido del taconeo y el silencio total de después, la pantera se enfadaba y se ponía de pie y rugía con esos dientes, y yo pegaba un brinco para atrás”, recordó.

“La Chana” significa en caló “la que más sabe”, y pese a que nunca fue a la escuela, la llaman la “reina del compás” por su oído y su capacidad de improvisación.

“Cuando logro concentrarme, me marcho a otro lugar y estoy a punto de tocar el cielo”, sostiene la artista, a quien no le gusta verse bailar porque cree que lo que el público ve en el escenario es solo un reflejo de la “magia” que ella siente cuando está en trance

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